David FINCHER

Documentándose uno, es fascinante el caso de Zodiac y cómo jugó con la ley, exponiéndose sin parar. Fincher es muy astuto al filmar intentos de asesinato de él que podrían no haber sido suyos. El extravío y frustración del espectador es lo que debieron de sentir todos los agentes. Acojonante.
 
Señala al máximo sospechoso que tuvo la peli pero no lo confirma. Por cierto, hoy en día se sabe que no era él.
 
The game

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Retorcido thriller noventero recordado como una de las “malas” del dire, y lo cierto es que sobre el papel es una tontería supina. Michael Douglas da vida a un personaje típico de aquellos años; empresario, banquero, inversor, etc. forradísimo y en la cima de la pirámide económica y social post-ochentera y próxima al fin del milenio, que se ve involucrado en un macabro “juego”, organizado al parecer por una siniestra organización o empresa dedicada a las experiencias extremas para ricachones, pero que va demasiado lejos…

Mucha paranoia de raíz posmoderna, con una fuerza misteriosa que nunca se desvela y que maneja a nuestro desvalido héroe cual títere, arrancándole de su monótona existencia y destapando la frágil ficción o trampantojo que esta supone… y la de su bolsillo. Espíritu kafkiano y estilo muy similar al de otros títulos fincherianos, donde llaman la atención unos créditos iniciales en modo filmación familiar vintage, imitados con descaro por cierta serie reciente. Se anticipan cosillas: capitalismo vacío de significado y vínculos, soledad extrema, las siglas que significan todo y nada, reiteradas en distintos contextos, de una compañía omnipresente que vende “experiencias”, entretenimiento inmersivo e hiperrealista que engulle la vida y altera la noción de lo que es real y lo que no.

Frente al individuo rígido y amargado, el hermano tarambana cual lado oscuro, desencadenante de una trama que abusa y depende en exceso de giros y requetegiros, imposible de creer desde lo verosímil (los medios infinitos de los que disponen los malvados) y desde lo emocional (cualquiera con dos dedos de frente actuaría de otra forma, no tan amable, al destaparse el pastel…), un adentrarse en un sombrío país de las maravillas a golpe de Jefferson Airplane y anticipatorio de propuestas como “Saw” (ese muñeco...). Sobre todo parece guardar un fondo de autoayuda chunga, sobre los traumas de un multimillonario con su padre, con miedo a cometer los mismos errores y que aprovecha la coyuntura para descubrirse a sí mismo y aprender la gran lección.

Fincher, buen técnico, sin grandes alardes, con ocasionales desvíos a un cine de acción y tiros, introduce rasgos de clasicismo hitchcockiano: la circularidad, la caída desde las alturas, la obsesión, y cómo no, la rubia turbia, de cambiante identidad (pobre desvalida, hábil manipuladora...), eterno femenino que deja, de hecho, la incógnita perversamente abierta, otra vez el deseo como motor de todo e invitación a otra aventura. Y es que la película, que a ratos parece un episodio hinchado de serie tipo “Twilight Zone”, tendría que haber sido más cachonda y propiamente jugona, con más ironía y menos envoltorio oscuro y solemne.
 
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