William Shakespeare

gary1991

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Pues eso , que ya tocaba .


Empezaré yo , poniendo un analisis que escribí hace relativamente poco sobre "Sueño de Una Noche de Verano".



¿Cuando lo descubristeis.?



¿Obras favoritas?



¿Lo amais mas que a vuestra vida'?




Let´s go.
 

Corpsebride

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Respuesta: William Shakespeare

Evidentemente es alguien a quien conoces de siempre pero me metí de lleno en su obra en el instituto.
En mi caso hay dos claves, una, el Hamlet de Zeffirelli y dos, la "Ofelia" de Millais. Más o menos descubrí ambas cosas a la vez y quizá por eso mi obra favorita (o al menos a la que le tengo más cariño) es Hamlet.
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Christian Troy

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Respuesta: William Shakespeare

Ostias, en serio no habia hilo de este buen hombre? Que incorrección.


Yo intenté acercarme a él hace muchos veranos, aprovechando la colección de libros que compró mi hermano en una de esas colecciones por fascículos. Lamentablemente, la iniciativa me duró poco, como siempre me pasa :mutriste, y lo deje a medias.
 

i-chan

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Yo lo descubrí gracias a Branagh y a... Luhrmann :cuniao Vi Mucho ruido y pocas nueces y Romeo + Julieta con muy poquitos meses de diferencia, y con ambas me enamoré del Bardo. Debía tener unos quince o dieciséis años.

En gran medida conozco a Shakespeare gracias al cine y a las versiones impresas de las obras, porque nunca he tenido la suerte de ver una representación teatral shakespeariana en directo, que es lo propio, y las películas, aunque las hay muy buenas, siempre suelen ofrecer una versión muy mutilada y retocada del original.

Eso hace que a veces mis preferencias por unas obras u otras dependan mucho de mis gustos cinematográficos, ya que obras de Shakespeare las he leido casi todas (salvo los "Enriques" :cuniao, Ricardo II y alguna más suelta), pero debo confesar que recuerdo poco de los textos leidos, en cambio las películas las recuerdo con gran intensidad.

De Shakespeare me gusta, sobre todo, la riqueza de los diálogos, y esa increíble capacidad para analizar la naturaleza humana con la precisión propia de un cirujano. Todo lo que se nos ocurra decir sobre el hombre, posiblemente ya lo dijo Shakespeare hace más de 400 años.
 

i-chan

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Si tuviera que hacer un top ten de obras de Shakespeare, creo que escogería cuatro comedias:

1. Trabajos de amor perdidos
2. Mucho ruido y pocas nueces
3. La fierecilla domada
4. Noche de Reyes

y seis tragedias/dramas históricos:

1. Hamlet
2. Macbeth
3. Rey Lear
4. Julio Cesar
5. Ricardo III
6. Tito Andrónico

Y mi favorita de todas ellas sería Hamlet, porque siempre me he sentido muy identificado con las dudas existenciales de su protagonista. Además, es una obra que se centra mucho en la apariencia vs. la esencia de las cosas, que es un tema que personalmente me interesa bastante. Y que al final de la obra muera hasta el apuntador también me encanta :cuniao

A Shakespeare lo he leído en traducciones, ya que a pesar de que en su día me dió el arrebato de comprarme las obras completas en inglés en una tienda de segunda mano, lo cierto es que tuve que desistir de su lectura porque no me enteraba una mierda :cuniao

Pero creo que traducciones como las de José María Valverde, Luis Astrana Marín o Ángel-Luis Pujante, convenientemente anotadas, logran ofrecer unas muy dignas adaptaciones al castellano de obras que no son especialmente sencillas de traducir. El texto original lo he podido disfrutar a través de las películas, y por eso digo que me cuesta tanto disociar los textos de Shakespeare en sí de sus adaptaciones fílmicas.

aprovechando la colección de libros que compró mi hermano en una de esas colecciones por fascículos.
Esa la tengo yo :cool
 

gary1991

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Si tuviera que hacer un top ten de obras de Shakespeare, creo que escogería cuatro comedias:

1. Trabajos de amor perdidos
2. Mucho ruido y pocas nueces
3. La fierecilla domada
4. Noche de Reyes

y seis tragedias/dramas históricos:

1. Hamlet
2. Macbeth
3. Rey Lear
4. Julio Cesar
5. Ricardo III
6. Tito Andrónico

Y mi favorita de todas ellas sería Hamlet, porque siempre me he sentido muy identificado con las dudas existenciales de su protagonista. Además, es una obra que se centra mucho en la apariencia vs. la esencia de las cosas, que es un tema que personalmente me interesa bastante. Y que al final de la obra muera hasta el apuntador también me encanta :cuniao

A Shakespeare lo he leído en traducciones, ya que a pesar de que en su día me dió el arrebato de comprarme las obras completas en inglés en una tienda de segunda mano, lo cierto es que tuve que desistir de su lectura porque no me enteraba una mierda :cuniao

Pero creo que traducciones como las de José María Valverde, Luis Astrana Marín o Ángel-Luis Pujante, convenientemente anotadas, logran ofrecer unas muy dignas adaptaciones al castellano de obras que no son especialmente sencillas de traducir. El texto original lo he podido disfrutar a través de las películas, y por eso digo que me cuesta tanto disociar los textos de Shakespeare en sí de sus adaptaciones fílmicas.

aprovechando la colección de libros que compró mi hermano en una de esas colecciones por fascículos.
Esa la tengo yo :cool




Tú si que sabes , I-chan.





Yo he tenido la suerte de ver a Derek Jacobi y Tom Hiddleston (¡vaya mezcla!) , en Ricardo III.
 

Sorel

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Conocí a Shakespeare en el año, veamos... si. El año 1598, en uno de mis largos viajes por Italia. Lo reconocí por otro encuentro que tuvimos en Inglaterra algunos años antes, y apenas había cambiado nada desde entonces. La verdad es que me sorprendió volver ver a Christopher Marlowe vivo y coleando, teniendo en cuenta su fatídica muerta seis años antes en una taberna, escoltado hacia el navio de Caronte por sus amigos; en todo caso, nuestro saludo fue afectuoso, y se mostró muy agradecido cuando le comenté lo mucho que me gsutaba su obra. Al partir, me conminó a callar la verdad sobre su defunción prematura, y yo le di mi palabra de que así lo haría, deseando, quizás con algo de egoismo, que aquel gran hombre continuara iluminando las letars con su genio.

No esperaba volver a verle, pero tuve la extraordinaria suerte de que nuestros destinos volvieran a cruzarse en el año 1601 ¡y que afortunado encuentro en aquella taberna entre aquel hombre de genio y un humilde servidor! Edward de Vere me saludó como a un viejo amigo, y auqnue casi lemencioné por descuido nuestro encuentro en italia, mi buen olfato y mi instinto de sabueso me aconsejarón que, ya que era evidente el hecho de que aquel gran hombre viajaba de incógnito, sería arriesgado mencionar su pasado, pues oidos enemigos podían hallarse al acechó. Bebimos y charlamos toda la noche, y pretendí, entonces yo pensaba que con ingenio y astuta medida, sonsacarle el argumento de su próxima obra, pero el muy ladino demostró ser mucho más listo que yo, y viendome venir, se disculpó aduciendo que aún no tenía aún nada específico palnificado, pero pude reconocer por el brillo de sus ojos vivos que mentía; no insistí. ¡Abrí mis brazos a la incertidumbre y la sorpresa! Al marchar, nos apretamos las manos con sincero afecto, y al marchar, me sentí orgulloso de haber podido compartir mesa y bebida con William Shakespaere, uno de los hombres más grandes que han existido jamás.

Imaginen mi sorpresa cuando, un par de días más tarde, me lo encontré en un prostibulo de Londres ¡un lupanar de lo más selecto en enfermedades de Venus, pero lleno de mozas como no habialas visto desde mis encuentros con muy solitarias molineras, abandonadas en favor de lejanas guerras por maridos poco agradecidos, y no muy inteligentes, pues ¿qué hombre de buena sesera dejaría a la sublime Afrodita por el basto y rudo Marte, a la bella griega por el rudo romano? Y bien puede decirse que Francis Bacon era seguidor, admirador y adorador incluos de Anuket, Freyja, Huitaca o Tlazolteotl y toda la ristra de diosas del amor, la lujuría y el sexo que puedan imaginar. Francis Bacon tenía el gusto, la resistencia, la potencia, la libido y la sensualidad manifiesta que obligarían a Dionisio a cubrirse con la capa púrpura de la vergüenza. Fue uan noche inolvidable. ¿Quien entre mis lectores puede tan siquiera soñar con alardear que compartió putas en Londres con el gran William Shakespaere, el más grande de todos los dramaturgos que jamás blandieron pluma?

La última ocasión en la que mi camino volvió a cruzarse con el de tan excelso vate fue durante una reunión de poetas en una pequeña casa en el campo que este había adquirido a las afuears de Londres. Todo encanto y cortesía, apena spude creerlo cuando lo volví a ver, pero, hombre de tacto como soy, no le mencioné a Mary Sidney Herbert, nuestras pequeñas escapadas bacanales. Estaba mucho más femenino que otras veces y, no me avergüezna confesarlo, me ruboricé al besar su mano en el jardín, al rosado candor del cielo arrebolado, sumidos ambos en aquel púrpura surgido del fondo de nuestro rubor, como si rosas primaverales hubiesen salpicado de su esencia nuestros rostros; creo que aquella tarde me enamoré un poco de William Shakespaere. Y es lástima. Porqué o lo volvía ver.

¿Qué fue de él? Lo ignoro, auqnue más de uan noche he pensado en él, y he recoraddo con melancólica nostalgia su risa poderosa y diafana, su mirada inteligente pero afectuosa, su porte que expresaba la nobleza de un espíritu superior, y aquel jugar con el lenguaje que tenái algo de pícaro y algo frágil soñador. Su mirada abarcaba el total de la raza humana, pero su humildad abrazaba tu pequeñez con el sincero amor de un hermano.

Podría decirse que, en cierto modo, volví a verlo, si es que tal afirmación puede mantener estatus de veracidad al hacer referencia a un sueño. Si, bien podría decirse que William Shakespaere y un servidor volvieron a encontrarse en un sueño. Y un sueño bien extraño que fue, auqnue, como todos lso sueños, mientras, en toda su viveza, lo soñaba, se cubrió con la naturalidad de una realidad absoluta. Paseaba yo por los pasillos de un manicomio, y allí estaban, desaclzos y embadurnados en el abrazo de una camisa de fuerza, la cabeza alzada sin mirar más que a un vacíoq ue se originaba en el fondo abisal de sus mentes, los ojos en blanco, allí estaban, Christopher Marlowe, Francis Bacon, Edward De Vere, Mary Sidney Herbert, William Alexander, John Barnard, Roger Manners, Emilia Lanier, Herbert Neville, Gilbert Talbot y así hasta má sde ochenta que conté, y todos gritaban, quedamente, pero con la convicción del demente, caminando como ciegos sin rumbo fijo, chocando entre ellos y con los muebles y la sparedes, pero completamente indiferentes al dolor, levantandose al instanto y volviendo a comenzar con aquella cacofonia de voces desesperadas, como el cántico de un ritual perdido en el tiempo "I am William Shakespaere, I am William Shakespaere, I am William Shakespaere." Timbres y tonos absurdos y variados que adnzaban como un mar de locura en el aire dorado por un sol pálidoq ue escupía su locura como si fuera la risa de un demonio acurrucada en los recovecos de su propio infierno, uan risa cruel y malévola, y profundamente enferma.

Solo una voz desatcaba en aquel túmulo de la esperanza, solo una voz discordante, como una isla en un mar arebatado por la tormenta; una voz suave, aflautada, acsi dulce en la trsiteza de su letanía intermianble. Traté de localizarla, cosa que el lector podrá imaginar fue arduo y difícil, casi la proverbial aguja perdida en un millar de pajares, pero al final, concentrandome, por debajo de aquellas voces insistentes y pesadas, cada una de ellas, por separado, rítmicas, en conjunto, disonancia pura, pude localizar aquella voz. La seguí, apartando de mi camino aquellas pobres almas perdidas que ni tan siquiera hicieron el esfuerzo de ofrecer resistencia a mis avances, y al fin, de aquel clamor de demencia, pude verle, un hombrecito pequeño, igualmente descalzo y atado a su cuerpo con una camisa de fuerza, acurrucado, asustado, con uniforme militar francés y sombrero de Napoleón hecho con un papel blanco y sucio, mirando hacia arriba, tristes ojos, triste boca que se movía con la inesperada languidez sin vida de una muñeca de hilos cortados, aquella vocecilla casi infantil, como un rezo que lo protegiear de aquella marabunta de poetas que lo rodeaban caul fantasmas de pecados pasados: "Je ne suis pas Napoleon Bonaparte, je suis Wellington, Je ne suis Napoleon Bonaparte, je suis Wellington, Je ne suis pas Napoleon Bonaparte, Je suis Wellington" como un disco rayado que cantaba la condena de todo lo que era bueno y noble a un infierno profundo y olvidado, "No soy Napoleon Bonaparte, soy Wellington". Y con esas palabras de derrota y sacrilegio, desperté.

Era una mañana agradable. El sol aún amanecía tras aquellas montañas como dientes petrificados en el horizonte lejano. Los pájaros cantaban sus canciones de esperanza y alegría. Me senté sobre la cama, y me restregué los ojos aún cansados. Me acerqué a la palangana y tomando agua entre mis manos me lavé la cara y poco a poco fui espabilando. Solo necesitaría un buen café. Ya casi podía oler su aroma amargo en mis fosas nasales, fantasma de la anticipación que bebía de la fuente de un recuerdo. Que diablos. Me acerqué a la ventana abierta, que daba al balcón de la casa. Debajo, un jardín precioso que adornaba la primavera recién estrenada de una felicidad íntima que despertaba los resquicios de pasiónes que a veces en invierno nos parece que nos dejarona atrás. Mis cabellos blancos no cosniguen engañar a este mi corazón de niño. Pero soy viejo. Esa es la verdad. Contemplando la belleza de las flores de multiples colores, esparcidas con un gusto divino por el divino arquitecto, los árboles frondosos como estallidos de verde, la hierba de jade como mares de espesa fantasia, vuelvo a pensar en mi sueño, y pienso en William, el gran William, en genio de Stradford upon Avon, mi amigo, el genio. Pienso en mi sueño. Sonrió, no sin tristeza, no sin alegría. Una cosa está clara. Napleón Bonaparte tiene muy mal perder.
 

gary1991

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Conocí a Shakespeare en el año, veamos... si. El año 1598, en uno de mis largos viajes por Italia. Lo reconocí por otro encuentro que tuvimos en Inglaterra algunos años antes, y apenas había cambiado nada desde entonces. La verdad es que me sorprendió volver ver a Christopher Marlowe vivo y coleando, teniendo en cuenta su fatídica muerta seis años antes en una taberna, escoltado hacia el navio de Caronte por sus amigos; en todo caso, nuestro saludo fue afectuoso, y se mostró muy agradecido cuando le comenté lo mucho que me gsutaba su obra. Al partir, me conminó a callar la verdad sobre su defunción prematura, y yo le di mi palabra de que así lo haría, deseando, quizás con algo de egoismo, que aquel gran hombre continuara iluminando las letars con su genio.

No esperaba volver a verle, pero tuve la extraordinaria suerte de que nuestros destinos volvieran a cruzarse en el año 1601 ¡y que afortunado encuentro en aquella taberna entre aquel hombre de genio y un humilde servidor! Edward de Vere me saludó como a un viejo amigo, y auqnue casi lemencioné por descuido nuestro encuentro en italia, mi buen olfato y mi instinto de sabueso me aconsejarón que, ya que era evidente el hecho de que aquel gran hombre viajaba de incógnito, sería arriesgado mencionar su pasado, pues oidos enemigos podían hallarse al acechó. Bebimos y charlamos toda la noche, y pretendí, entonces yo pensaba que con ingenio y astuta medida, sonsacarle el argumento de su próxima obra, pero el muy ladino demostró ser mucho más listo que yo, y viendome venir, se disculpó aduciendo que aún no tenía aún nada específico palnificado, pero pude reconocer por el brillo de sus ojos vivos que mentía; no insistí. ¡Abrí mis brazos a la incertidumbre y la sorpresa! Al marchar, nos apretamos las manos con sincero afecto, y al marchar, me sentí orgulloso de haber podido compartir mesa y bebida con William Shakespaere, uno de los hombres más grandes que han existido jamás.

Imaginen mi sorpresa cuando, un par de días más tarde, me lo encontré en un prostibulo de Londres ¡un lupanar de lo más selecto en enfermedades de Venus, pero lleno de mozas como no habialas visto desde mis encuentros con muy solitarias molineras, abandonadas en favor de lejanas guerras por maridos poco agradecidos, y no muy inteligentes, pues ¿qué hombre de buena sesera dejaría a la sublime Afrodita por el basto y rudo Marte, a la bella griega por el rudo romano? Y bien puede decirse que Francis Bacon era seguidor, admirador y adorador incluos de Anuket, Freyja, Huitaca o Tlazolteotl y toda la ristra de diosas del amor, la lujuría y el sexo que puedan imaginar. Francis Bacon tenía el gusto, la resistencia, la potencia, la libido y la sensualidad manifiesta que obligarían a Dionisio a cubrirse con la capa púrpura de la vergüenza. Fue uan noche inolvidable. ¿Quien entre mis lectores puede tan siquiera soñar con alardear que compartió putas en Londres con el gran William Shakespaere, el más grande de todos los dramaturgos que jamás blandieron pluma?

La última ocasión en la que mi camino volvió a cruzarse con el de tan excelso vate fue durante una reunión de poetas en una pequeña casa en el campo que este había adquirido a las afuears de Londres. Todo encanto y cortesía, apena spude creerlo cuando lo volví a ver, pero, hombre de tacto como soy, no le mencioné a Mary Sidney Herbert, nuestras pequeñas escapadas bacanales. Estaba mucho más femenino que otras veces y, no me avergüezna confesarlo, me ruboricé al besar su mano en el jardín, al rosado candor del cielo arrebolado, sumidos ambos en aquel púrpura surgido del fondo de nuestro rubor, como si rosas primaverales hubiesen salpicado de su esencia nuestros rostros; creo que aquella tarde me enamoré un poco de William Shakespaere. Y es lástima. Porqué o lo volvía ver.

¿Qué fue de él? Lo ignoro, auqnue más de uan noche he pensado en él, y he recoraddo con melancólica nostalgia su risa poderosa y diafana, su mirada inteligente pero afectuosa, su porte que expresaba la nobleza de un espíritu superior, y aquel jugar con el lenguaje que tenái algo de pícaro y algo frágil soñador. Su mirada abarcaba el total de la raza humana, pero su humildad abrazaba tu pequeñez con el sincero amor de un hermano.

Podría decirse que, en cierto modo, volví a verlo, si es que tal afirmación puede mantener estatus de veracidad al hacer referencia a un sueño. Si, bien podría decirse que William Shakespaere y un servidor volvieron a encontrarse en un sueño. Y un sueño bien extraño que fue, auqnue, como todos lso sueños, mientras, en toda su viveza, lo soñaba, se cubrió con la naturalidad de una realidad absoluta. Paseaba yo por los pasillos de un manicomio, y allí estaban, desaclzos y embadurnados en el abrazo de una camisa de fuerza, la cabeza alzada sin mirar más que a un vacíoq ue se originaba en el fondo abisal de sus mentes, los ojos en blanco, allí estaban, Christopher Marlowe, Francis Bacon, Edward De Vere, Mary Sidney Herbert, William Alexander, John Barnard, Roger Manners, Emilia Lanier, Herbert Neville, Gilbert Talbot y así hasta má sde ochenta que conté, y todos gritaban, quedamente, pero con la convicción del demente, caminando como ciegos sin rumbo fijo, chocando entre ellos y con los muebles y la sparedes, pero completamente indiferentes al dolor, levantandose al instanto y volviendo a comenzar con aquella cacofonia de voces desesperadas, como el cántico de un ritual perdido en el tiempo "I am William Shakespaere, I am William Shakespaere, I am William Shakespaere." Timbres y tonos absurdos y variados que adnzaban como un mar de locura en el aire dorado por un sol pálidoq ue escupía su locura como si fuera la risa de un demonio acurrucada en los recovecos de su propio infierno, uan risa cruel y malévola, y profundamente enferma.

Solo una voz desatcaba en aquel túmulo de la esperanza, solo una voz discordante, como una isla en un mar arebatado por la tormenta; una voz suave, aflautada, acsi dulce en la trsiteza de su letanía intermianble. Traté de localizarla, cosa que el lector podrá imaginar fue arduo y difícil, casi la proverbial aguja perdida en un millar de pajares, pero al final, concentrandome, por debajo de aquellas voces insistentes y pesadas, cada una de ellas, por separado, rítmicas, en conjunto, disonancia pura, pude localizar aquella voz. La seguí, apartando de mi camino aquellas pobres almas perdidas que ni tan siquiera hicieron el esfuerzo de ofrecer resistencia a mis avances, y al fin, de aquel clamor de demencia, pude verle, un hombrecito pequeño, igualmente descalzo y atado a su cuerpo con una camisa de fuerza, acurrucado, asustado, con uniforme militar francés y sombrero de Napoleón hecho con un papel blanco y sucio, mirando hacia arriba, tristes ojos, triste boca que se movía con la inesperada languidez sin vida de una muñeca de hilos cortados, aquella vocecilla casi infantil, como un rezo que lo protegiear de aquella marabunta de poetas que lo rodeaban caul fantasmas de pecados pasados: "Je ne suis pas Napoleon Bonaparte, je suis Wellington, Je ne suis Napoleon Bonaparte, je suis Wellington, Je ne suis pas Napoleon Bonaparte, Je suis Wellington" como un disco rayado que cantaba la condena de todo lo que era bueno y noble a un infierno profundo y olvidado, "No soy Napoleon Bonaparte, soy Wellington". Y con esas palabras de derrota y sacrilegio, desperté.

Era una mañana agradable. El sol aún amanecía tras aquellas montañas como dientes petrificados en el horizonte lejano. Los pájaros cantaban sus canciones de esperanza y alegría. Me senté sobre la cama, y me restregué los ojos aún cansados. Me acerqué a la palangana y tomando agua entre mis manos me lavé la cara y poco a poco fui espabilando. Solo necesitaría un buen café. Ya casi podía oler su aroma amargo en mis fosas nasales, fantasma de la anticipación que bebía de la fuente de un recuerdo. Que diablos. Me acerqué a la ventana abierta, que daba al balcón de la casa. Debajo, un jardín precioso que adornaba la primavera recién estrenada de una felicidad íntima que despertaba los resquicios de pasiónes que a veces en invierno nos parece que nos dejarona atrás. Mis cabellos blancos no cosniguen engañar a este mi corazón de niño. Pero soy viejo. Esa es la verdad. Contemplando la belleza de las flores de multiples colores, esparcidas con un gusto divino por el divino arquitecto, los árboles frondosos como estallidos de verde, la hierba de jade como mares de espesa fantasia, vuelvo a pensar en mi sueño, y pienso en William, el gran William, en genio de Stradford upon Avon, mi amigo, el genio. Pienso en mi sueño. Sonrió, no sin tristeza, no sin alegría. Una cosa está clara. Napleón Bonaparte tiene muy mal perder.




Oh, Sorel....
 

Christian Troy

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aprovechando la colección de libros que compró mi hermano en una de esas colecciones por fascículos.
Esa la tengo yo :cool
Hay varias. La que yo tengo por casa es la de Planeta DeAgostini, que incluia además de los libros, varias peliculas.Asi fue como vi algunas como Sueño De Una Noche De Verano de Michael Hoffman, Hamlet y Mucho Ruido... de Branagh, o Romeo & Julieta de Zeffirelli. Pero hace tanto que ya apenas las recuerdo :sudor

Esta es la cubierta de uno de los libros. No sé si es esta la que tú tienes.



Luego habia otra colección más bonita de RBA, pero de esa solo conseguí comprar Hamlet.

 

Lennoniano

¿EH?
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Respuesta: William Shakespeare

Yo, tras mucho oirlo nombrar y con la curiosidad a tope, compré (bueno, pagó mi madre :p ) una edición que traía Romeo y Julieta y Hamlet. Con 14 o 15 años, me los merendé como si nada y eso que entonces podía contar con los dedos de la mano los libros que había leído enteros. Me los llegan a mandar leer en el colegio y ahí se quedan :juas :cuniao

Especialmente el segundo me encandiló. Luego leí Otelo y no me gustó nada, así que prové a estrenarme con Lorca... Y con la tontería, dejé aparcado a William durante (sin contar adaptaciones varias) más de 10 años.
 
Última edición:

gary1991

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Yo, tras mucho oirlo nombrar y con la curiosidad a tope, compré (bueno, pagó mi madre :p ) una edición que traía Romeo y Julieta y Hamlet. Con 14 o 15 años, me los merendé como si nada y eso que entonces podía contar con los dedos de la mano los libros que había leído enteros. Me los llegan a mandar leer en el colegio y ahí se quedan :juas :cuniao

Especialmente el segundo me encandiló. Luego leí Otelo y no me gustó nada, así que prové a estrenarme con Lorca... Y con la tontería, dejé aparcado a William durante (sin contar adaptaciones varias) más de 10 años.
Menudo cliffhanger... ;)
 

i-chan

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Hay varias. La que yo tengo por casa es la de Planeta DeAgostini, que incluia además de los libros, varias peliculas.Asi fue como vi algunas como Sueño De Una Noche De Verano de Michael Hoffman, Hamlet y Mucho Ruido... de Branagh, o Romeo & Julieta de Zeffirelli. Pero hace tanto que ya apenas las recuerdo :sudor

Esta es la cubierta de uno de los libros. No sé si es esta la que tú tienes.

Esa es la que tengo yo :ok Para mí es LA COLECCIÓN, por varias razones. En primer lugar porque además de los libros, traía películas. Algunas eran las adaptaciones típicas (Branagh, Zeffirelli, Welles, Olivier, Kurosawa) pero también incluía adaptaciones libres, pelis tangencialmente relacionadas con Shakespeare y curiosidades poco conocidas que en aquel momento eran difíciles de conseguir en VHS. También incluía alguna basurilla incluida en la colección casi con pinzas (Heredarás la tierra) que se podrían haber ahorrado e incluir alguna mejor, pero ya sabemos cómo funciona esto de la adquisición de los derechos para coleccionables.

En segundo lugar, estaba bien de precio. La mayoría de los coleccionables me parecen un timo, pues te cobran un pastón por fascículos raquíticos de 24 páginas y la colección completa sale por un ojo de la cara. Sin embargo, esta colección estaba muy bien de precio, porque por 1495 pesetas tenías un libro y una peli, y en aquella época los VHS tenían precio estándar de 1995 pesetas, así que ya sólo por eso ahorrabas dinero, y además te llevabas el libro. Que sí, que los libros de Shakespeare los encuentran a 1 euro en cualquier tienda de segunda mano, pero estas ediciones estaban cucas: tapa dura, diseño uniforme, traducción de Valverde...

En tercer lugar, es el único coleccionable de quiosco que no sólo he completado, sino que me quedé con ganas de más, ya que sólo hubo 25 entregas, y como es sabido, a Shakespeare se le atribuyen sobre 36-39 obras, y pelis hay cientos, así que la colección podría haber durado más. Habría sido genial poder disponer de las obras completas de Shakespeare en este formato.

En cuarto lugar, es una colección que sólo pasó por quioscos una vez. La mayoría de coleccionables salen a la venta un año, y en los años siguientes se siguen redistribuyendo. Esta colección nunca volvió a los quioscos, lo que no sé si es buena señal (se agotaron todos los ejemplares) o mala (no salió rentable y, por eso, no se volvió a poner en venta) y por eso me siento afortunado de seguirla en su momento. Desde entonces sólo he vuelto a ver a Shakespeare en los quioscos una vez, pero era una colección de libros en rústica, sin peli, relativamente caros y que además tampoco ofrecían las obras completas de Shakespeare, sólo las más célebres, así que para mí no estaba al nivel de la otra. Nunca vi esa colección tan chula de RBA que ha puesto Troy.

Fijáos en si le tengo cariño al coleccionable, que el año pasado me estuve deshaciendo de mi vieja colección de VHS, y los únicos que no fueron a parar al contenedor de la basura fueron los 25 de esta colección.

La única otra colección entera que hubiera seguido era el Taller de escritura creativa de Salvat, de los años 90. Una colección magnífica, pero que para mí resultaba carilla (cada fascículo costaba unas 500 o 600 pesetas, seguir la colección hubiera implicado no poder salir los fin de semana, os recuerdo que estaba en el instituto y mi paga no era especialmente cuantiosa) y que, a pesar de su calidad, nunca volvió a los quioscos. Hoy en día es un coleccionable cotizadísimo, al que numerosos aspirantes a escritores les gustaría poder echar el guante. Afortunadamente, hace un par de años me hice con una copia de segunda mano a muy buen precio (obviamente el vendedor no era consciente de la joya de la que se estaba deshaciendo), y por un precio bastante inferior al que me hubiera costado la colección en quioscos, así que bien está todo lo que bien acaba.

Siempre me ha sorprendido ver cómo año tras año, coleccionables estilo Huevos decorados y Dedales del mundo vuelven fielmente a los quioscos, y estas pedazo colecciones "pata negra" nunca volvieron.
 

Christian Troy

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Siguiendo con el tema coleccionables i-chan (y perdón gary por el off-topic), hubo una que me obsesionaba y que la llegue a ver ediatad un par de veces. Lamentablemente, solo compré unos 5 libros de ella, y nunca pude completarla. La llegué a buscar varias veces por internet, miré en la web de RBA por si se podia encargar, pero al tener tanto tiempo supongo que ya no tendrán nada de esto. Era la Biblioteca Julio Verne. Son bellisimos :mutriste

 

i-chan

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Esa colección sí que la conozco y, aunque no la hice (reconozco no haber leido ningún libro de Verne, y aunque generalmente las películas basadas en sus textos me suelen gustar ninguna me ha apasionado tanto como para animarme con los libros, el único que realmente tengo bastantes ganas de leer es el de París en el siglo XX) coincido en que la edición era maravillosa. Dudo que la editorial conserve ejemplares para la venta, pero yo los tengo vistos en tiendas de segunda mano, si buscas por ahí igual tienes suerte. En Todocolección tienen algunos ejemplares.
 

gollum

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Siguiendo con el tema coleccionables i-chan (y perdón gary por el off-topic), hubo una que me obsesionaba y que la llegue a ver ediatad un par de veces. Lamentablemente, solo compré unos 5 libros de ella, y nunca pude completarla. La llegué a buscar varias veces por internet, miré en la web de RBA por si se podia encargar, pero al tener tanto tiempo supongo que ya no tendrán nada de esto. Era la Biblioteca Julio Verne. Son bellisimos :mutriste

Yo la hice completa (la tirada del 2008).

El continente es muy bonito, pero el contenido es mejorable. He detectado en los libros la falta de algunos párrafos, errores de OCR (faltas de ortografía, guiones separadores entre dialogo y narración que desaparecen,...).
No es constante, pero está, y para los que somos un poco tiquismiquis es un poco molesto cuando te lo encuentras.

Por lo demás, la idea es muy buena y el resultado final fue bastante bueno.
 

GROUCHO

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Respuesta: William Shakespeare

Lo mejor de Shakespeare es Kurosawa.
 

gary1991

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Respuesta: William Shakespeare

Pero... ¿en que disco duro puse yo el ensayo de marras?
 
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