Llevo desde el 94 escuchando sus discos, en la playa, en casa, en el coche, en los viajes, antes de acostarme, mientras estoy con el pc, en el trabajo...
Aunque siempre pensé eso de "cualquier día se nos muere Robe", la verdad es que desde que dejó Extremoduro ví que pegó un subidón en calidad de vida y olvidé un poco a ese Robe delicado que nos podía dejar en cualquier momento.
Cuando tenía 14-18 años, su música era pilar central de mi manera de ver la vida e influyó mucho en cómo soy actualmente.
Tengo recuerdos personales muy importantes bañados por la música de Robe... Quemé cintas escuchando Deltoya, Pedrá, Somos unos Animales, Agila... Luego llegó "Robe" y, aunque la primera impresión no fue tan buena, le dí una oportunidad y me encantó.
Mi primer concierto fue en 1999, en Málaga, con Fito de telonero. Luego fui a todos los que pude, 11 conciertos en total pude disfrutar.
En las últimas giras de Robe fui a 2 o 3 conciertos de cada una. Disfrutar de Mayéutica en directo, del tirón, fue lo más increíble que he vivido en un concierto.
En mayo de 2024 le conocí en persona y me sorprendió lo cercano, sencillo y cortado que era. Hablamos un poco, me firmó unos discos, me firmó la pierna, hizo varias bromas, nos hicimos fotos... Fue como cerrar el círculo, conseguir conocer a quien ha moldeado (sin él saberlo) parte de tu carácter.
Le volví a ver en septiembre de 2024. Hablé un rato con todos los del grupo (majísimos!) mientras esperaba a Robe (venía tarde, no le gustaba madrugar). Cuando apareció, estaba de muy buen humor, hablamos sobre la gira, me firmó mis primeras entradas (las del concierto en Málaga con Fito en 1999) y flipó bastante al ver tal reliquia. Reimos, le dije que tenía entradas para los 2 últimos conciertos de la gira en Madrid, nos hicimos más fotos... Le ví bien, delgado, pero bien. Nos despedimos y yo me fuí andando en busca de mi coche. A los 5 minutos escuché un cláxon, me giré y era la furgoneta de los Robe que pasaba justo por la calle donde yo tenía aparcado el coche. Allí estaban todos, Robe incluído, diciéndome adiós con la mano. Fue la última vez que le ví, pues los conciertos de Madrid se cancelaron.
Aquella despedida ahora tiene otro significado, más triste, para mí. Pensando un poco en ello y recordando cómo se despedía últimamente en sus conciertos y cómo me trató en persona, ahora creo que él se olía algo y que se estaba despidiendo en secreto de todos nosotros.
Nunca olvidaré a Robe agitando su mano desde el coche para despedirse personalmente de mí.
Me tatué su firma en la pierna, pero él no lo llegó a ver.
Tenía esperanza de que volviera a hacer conciertos, aunque fueran más pausados. Tenía esperanza de que nos diera un par de discos nuevos. Nunca se me pasó por la cabeza que le íbamos a perder tan pronto.