No, si cortar cortan un huevo.

Pero para uso doméstico, de verdad compensa tener algo que corta tanto? (lo pregunto en serio, eh?)
Es que por poco que toques el filo por error te puedes rebanar un dedo.
Vale, que cortar un tomate a rodajas como si fuese mantequilla es una delicia, pero tener los dedos tan cerca del filo implica asumir un riesgo importante de accidentes.
En mi caso solo exijo un filo exquisito para cortar jamón, porque la otra mano está lejos del filo, pero en el resto de tareas lo veo como un peligro. Bueno, a no ser que te pongas guantes anticorte, como el japo ese.
Por cierto, Manu y compañía, usáis guantes de seguridad o cortáis a pelo?
No, no compensa, pero no por que corten (eso, cuanto más mejor). Al contrario de lo que el aparente sentido común indica, un cuchillo que NO corte es mucho más peligroso que uno que lo haga (es más propenso a "escaparse"). A mi, dame filo, y cuanto más, mejor.
El motivo por el que un cuchillo japonés no compensa, es otro mito: su acero no es el mejor del mundo. De hecho, es de los peores. Tiene una calidad lamentable, una dureza baja (por eso se afilan tan bien), y es quebradizo (muchas impurezas), por eso usan "trucos" como el hamon para darle más consistencia. Y por si eso fuera poco, se oxida.
Una anécdota. Un truco que los portugueses aprendieron rápido en su colonización del Japón feudal es que los temibles samurais, en realidad eran poco menos que unos comparsas en combate. Sus idolatradas katanas eran sables, no espadas. Es decir, estaban hechas para sajar (de ahí su temible filo y las aparatosas armaduras de láminas), pero las espadas roperas que usaban ellos eran más largas... y tenían un pincho muy afilado. Y el acero de Sölingen, o Toledo, era INFINITAMENTE mejor que el japonés. Así que se limitaban a esperar la acometida del guerrero japonés, y simplemente levantaban con indolencia su espada, en la que casi indefectiblemente se empalaba él solito (la estrechísima hoja de la ropera se introducía sin problema alguno entre las lamas de la armadura), sin que el soldado portugués estuviera ni siquiera cerca de estar en peligro.
Pero claro, después de los primeros tres o cuatro mil samurais gildeados, y tras eximirles sus daimios de su estricto código de honor que mandaba atacar de frente, empezaron a ser más cautos, e intentaban acercarse más para poder rebanar en dos al portugués sin que lo ensartasen. Una vez pasada la distancia de seguridad, ahí la que era ineficaz era la ropera, que no cortaba y a corta distancia era inútil. Pues lo que hicieron fue modificar las cazoletas, hacerlas más recias, y con hendiduras donde la katana, al intentar sajar, se introducía y golpeaba sobre un mejor acero. Y ahí, las sagradas espadas japonesas, se rompían como un azucarillo. Recordemos: acero de mierda.
Por eso un cuchillo japonés no merece la pena al común de los mortales. Requiere de un cuidado exquisito, hay que afilarlos contínuamente para que mantengan el filo (acero blando), y se oxidan si no los tratas con aceite en cada uso. Además, muchos de ellos solo tienen filo en un lado de la hoja, y su angulación no es la estándar, con lo que un afilador "normal" no vale, y se necesitan usar piedras, que no es un método para todo el mundo.
Pero claro, luego estamos los frikis a los que todo eso nos la pela, y los queremos por el postureo y la historia.
